A una sonrisa

Sonríe, que en la luz de tu sonrisa
anidan un Apolo y un Cupido,
desterrando las sombras del olvido
con la suave caricia de una brisa;

sonríe, pues su lírica concisa
es el mejor soneto que ha habido;
por ello, de rodillas, yo te pido
que me ilumines con tu dulce risa.

Tus labios al plegarse dan la vida,
destierran todo miedo oscuro, incierto,
con una luz dulcísima y querida.

Por ello, de tus labios el concierto
pido para cerrar tan grande herida,
y poder revivir cuando esté muerto.

Eduardo Ortega González

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